Tuesday, February 13, 2007

SIM!!

Portugal dijo ayer sí a la despenalización del aborto libre durante las 10 primeras semanas de gestación. Un buen paso para un país con una restrictiva legislación antiabortiva, pero no un paso definitivo, o, al menos, eso esperemos.
El Gobierno socialista de José Sócrates ha tenido que hilar fino en este asunto, el hecho de que una consulta popular diera resultado negativo a principio de los años 90 ejercía una especial presión sobre las intenciones de un Gobierno que, lógicamente, abogaba por la aprobación de esta ley. Por ello su intervención en campaña ha sido comedida.
Pero el asunto de fondo es vidrioso y complejo. Se enfrentan las concepciones personales de libertad y vida, su enjuague y confrontación hasta casos extremos.
Esto desencadenó ayer un duro debate en una cervecería con mi compañera, destacada militante feminista, que prueba que el asunto merece reflexión y estudio, puesto que cualquier solución será juzgada como polémica por las partes en conflicto.
Mi compañera aboga por la despenalización plena, por el aborto libre, sin plazo ni cortapisa más allá de la propia conciencia. Sería la postura más radical, más libertaria, con una concepción de vida ultrabiologicista, en el sentido de considerar como sujeto de protección al feto única y exclusivamente en el momento en el que vive por sí, y no en ningún otro momento anterior, aunque, presumiblemente, se encontrara en situación de viabilidad.
Yo oponía mi opción por la ley de plazos, aunque no tan estricta como la lusa, fijando un plazo razonable en el que la libertad sería absolutamente plena, tras la cual entraría en juego el sistema de los tres supuestos de excepción existentes a día de hoy. Juzgaba razonable un plazo de entre 16 y 20 semanas, marcando así una línea lógica entre el feto completamente dependiente y el feto si quiera mínimamente viable. Para ello esgrimía la doctrina de diversos Tribunales Constitucionales europeos sobre los derechos del feto, que afirman que la protección jurídica del nasciturus crece a medida que el periodo de gestación avanza. De tal suerte, opino que en algún momento se puede crear una ficción de viabilidad que otorgue al feto el derecho a la vida, ficción que operaría a partir del momento biológico en el cual se juzgara que dicho feto sería viable sin depender del seno materno.
Esta opción, una suerte de tercera vía entre partidarios del aborto libre y militantes pro-vida, protege la vida presumiblemente viable sin restringir la libertad del individuo a optar por la libre interrupción de la concepción en plazos razonables, y sin cercenar la excepcionalidad de ciertos supuestos en los que la interrupción podría realizarse pasado el plazo de aborto libre.
Al final no nos pusimos de acuerdo, aunque yo no veo que sea imposible cohonestar ambos puntos de vista, así que pido a los que por aquí paráis de vez en cuando que participéis en debate tan animado.

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