Monday, December 31, 2007

La familia cristiana.

Madrid. Cientos de miles de personas se manifiestan en defensa de la familia católica, exigiendo al Gobierno que actúe conforme a los principios de una moral particular, para salvaguardar los principios escritos en un antiguo libro que algunos creen dictado por un tal Dios, en forma de "verdad revelada".
Esos cientos de miles, que podrían ser socios de cualquier club, como el club de tenis más cercano a su casa, profesan una fe que excluye, como toda fe, a todo aquel que la objeta, apiadándose de su alma por no creer en el Dios verdadero.
La religión nunca puede abstraerse de la realidad socio-política, ya que perdería gran parte de su poder, el poder de dirección de las masas que le confiere la creencia en un ser superior que, maldita la gracia, ya podría indicar a sus fieles el camino de la solidaridad, y no el de tocar los cojones al prójimo.
Me da lástima que la Iglesia Católica española esté en perpetua campaña electoral, alentando a sus fieles a ejercer el voto conforme a dogmas, y no a reflexiones.
Esto me da pié a poner un fragmento del libro que estoy leyendo ahora mismo, un libro maravilloso, llamado "La pesca de salmón en Yemen", de Paul Torday, y editado por Salamandra. En él, el Doctor Alfred Jones, protagonista de la novela, se dirige a un club humanista para explicarles la inexistencia de Dios en los siguientes términos:

"El tema era que si creemos en Dios estamos forjando de inmediato una excusa para tolerar la injusticia, las catástrofes naturales, el dolor y la pérdida. El cristianismo y otras religiones aducen que Dios no creó el sufrimiento sino el mundo en que el sufrimiento ocurre, y que el sufrimiento nos permite redescubrir nuestra unidad con Dios. Argumenté que semejante enfoque es contrario a la lógica. Todas las catastrofes, toda pérdida, todo sufrimiento demuestran que no es posible la existencia de Dios, pues, ¿por qué una divinidad que es omnipotente crearía un universo tan proclive al desastre y a los accidentes? La fe religiosa, añadí, fue inventada para apaciguar a las multitudes dolientes y garantizar que no formularan las preguntas realmente difíciles, que, en caso de ser respondidas, tenderían a conducir al progreso"


Feliz salida y mejor entrada de año a tod@s.

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Friday, June 22, 2007

Deporte y Religión: Elogio de lo irracional

Euskadi ha ganado a Venezuela y los Obispos reclaman objeción de conciencia.
El PP brama contra el partido celebrado en el país latinoamericano y secunda la petición de los prelados.
De nuevo acudimos a la exaltación de lo irracional.
Nación y Religión, dos conceptos que sirven para cohesionar a los ciudadanos haciéndoles caer en la ignorancia. No hay mayor apelación al temor íntimo que amenazar las creencias trascendentes o la argamasa comunal de los seres humanos.
Nación y Religión, los dos vocablos sobre los que se sustentan el 99% de las guerras modernas.
La España decente está que trina por que los eusko-muchachos han ido a Venezuela a jugar al balompié. ¿Un partido internacional, es decir, entre naciones?
Eso reclaman, y, según la definición de nación del Consejo de Europa, tienen toda la razón.
¿A quién molesta?¿Qué importa que un conjunto de ciudadanos quieran enarbolar banderas propias en foros inocuos?
Los Obispos dicen que Educación por la Ciudadanía es propia de un Estado totalitario. Yo diría que es una pataleta propia de quien ve amenazada su existencia.
La Iglesia sabe que el conocimiento y la educación provoca su desaparición.
Dios sólo tiene sentido cuando el hombre es temeroso de tal figura.
Nietszche decía, con mucho acierto, que a Dios le matamos los seres humanos en el momento en que no necesitamos de su existencia como creación cultural destinada a asegurarnos una trascendencia transmundana.
El chollo se acaba, y eso da miedo.
Nación y Religión, Religión y Nación, dos excusas con un mismo fin: la conquista del poder mediante la agitación del miedo y la ruptura.

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